martes, 17 de mayo de 2011

OJO POR OJO


A la luz de los hechos sangrientos desencadenados por los marines norteamericanos en suelo Pakistaní, al asesinar a Osama Bin Laden,  nos vienen a la memoria las antiguas leyes de Hamurabi  y de Talión, bien expresadas en la piedra, en el Levítico bíblico y en el Corán  Todas instituían el mandato de vida por vida, ojo por ojo, mano por mano, pie por pie, herida por herida. Situada en su contexto, la terrible fórmula resulta ser tan sólo el testimonio conservado de uno de los primeros frenos aplicados al impulso humano de la venganza
Al rey babilónico Hammurabi (1728 -1686 AC) se le conoce por el Código que lleva su nombre, tallado en un bloque de piedra de unos 2,50 m de altura por 1,90 m de base y colocado en el templo de Sippar. Era su propósito homogeneizar jurídicamente el reino y la vida cotidiana de su pueblo.
La ley de Talión no remite a ningún rey ni dios, sino al adjetivo latino talis-tale, que significa «igual» o «semejante», y hace referencia a la proporción que deben guardar el delito y la pena.
Los crímenes de Bin Laden son inexpiables, y merecía el fin que tuvo. Pero ese fin nos lleva a preguntarnos que tanto ha evolucionado la sociedad humana en la resolución de sus conflictos. La respuesta puede ser frustrante para los optimistas.
No soy de los que practican un indiscriminado antinorteamericanismo, pero tampoco admiro todo lo que hacen. Parafraseando a alguien, el norteamericano me gusta, pero en su tierra. Cuando sale de ella, nos ha dado muestras de una brutalidad imperial impar, por la cual le robó la mitad de su territorio a México, las islas de Hawai a los maoríes con su reina e inundó de trapacerías la América Latina. De ello guardamos memoria. De su colaboración con los ingleses en Malvinas también. Venganza y Codicia son dos valores centrales en el gran país del norte.
Sin embargo es bueno intentar comprender estos procesos desde diversos puntos de vista para no caer en fanatismos maniqueos.
Erich From decía “La venganza es en cierto sentido un acto mágico: al aniquilar a quien cometió la atrocidad se deshace mágicamente su acción”. No estaba errado el psicoanalista de Frankfurt al agregar “[…] Aunque el hombre no siempre se puede defender del daño que le infligen, en su deseo de desquite trata de borrar la página y de negar mágicamente que se haya infligido el daño alguna vez.
La acción de los comandos de USA se inscribe en ese marco del ojo por ojo. Sin duda los festejos de ese pueblo por la muerte del terrorista muestran la pretensión de dar vuelta la página y superar el horror que despertó el atentado de las torres gemelas ordenado por el árabe.
Pero olvidan los norteamericanos que la violencia engendra violencia. Es en su pasado violento que los norteamericanos deberán indagar algún día la causa de sus males y sus bienes. La diferencia entre lo justo y lo legal.
Cuando el criminal nazi Eichmann fue secuestrado en Argentina, donde vivía con identidad falsa, se lo llevó a Israel donde se lo enjuició, resultando aquella acción mucho más civilizada que la ejecución sumaria de Bin Laden, pero en ambos casos expresan el recóndito impulso que anida en el alma humana de clamar venganza, reiniciando de tal modo el ciclo ominoso de la barbarie.