miércoles, 23 de octubre de 2013

La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio


En una democracia que se precie, el mejor sitio para defender las ideas está en las urnas.
Algo tan sencillo como eso ha sido infinidad de veces utilizado, durante esta década fraudulenta, como un escenario envilecido donde se ha mentido para alcanzar, a través del engaño, los fines inconfesables de quienes han maltratado los verdaderos intereses de la patria y su pueblo.
Los sectarios que hoy gobiernan, utilizaron la memoria de una década patética, cual fue la de los años ´70, para propalar un relato apócrifo, en el cual una facción de los asesinos de ayer se metamorfoseaba en los héroes maravillosos de hoy.
Así los criminales de la guerrilla (ERP-Montoneros) alzados contra el gobierno democrático de Perón eran separados del conjunto de asesinos que conformaban con la Junta de Comandantes golpistas y eran reivindicados como idealistas impolutos. El gobierno se transformó en guarida de forajidos.
Muchos en el seno de la sociedad, en silencio, aceptaron esa mentira y al hacerlo, abrían sus corazones a la naturalización de la violencia, de la falsía, de la corrupción y de la ilegalidad.
Se allanaba el camino para otras mentiras que ocultaban el robo sistemático de los caudales públicos y la utilización del estado para perpetuarse en el poder.
La maravilla del relato se opuso a una realidad pertinaz: Ahí perdura la miseria de siempre. Allí están los trenes que siembran muerte, la delincuencia que florece impune, la prepotencia de los que mandan, la justicia lenta y raquítica, el despilfarro de los recursos, el descalabro de la economía y tantas otras calamidades que, salvo los que lucran con ellas, tanto padecen quienes habitan esta tierra.
Decía Cicerón que era preciso ser esclavos de la ley para ser libres.
Ese apotegma olvidado en estos diez años de Kirchnerismo aflora hoy en la conciencia de muchos argentinos, y al emitir su voto, romperá con la voz atronadora de las urnas, el silencio abominable que ayudó a corromper la verdad.
El 27 de Octubre, la mayoría del pueblo argentino probablemente le dará la espalda a tanta corrupción y saqueo, a tanta hipocresía y engaño, a tanta violencia desatada. Será el fin de una época.
Lentamente recuperaremos la verdad y con ella acaso logremos construir un futuro mejor para todos los que valoran el trabajo honrado y desprecian desde sus entrañas  el robo y la prebenda.

martes, 20 de agosto de 2013

EL PATRIOTERISMO K


Afirma el diccionario de la Real Academia Española que un patriotero es aquel que alardea excesiva e inoportunamente de patriotismo.
En esta década padecida por todos los ciudadanos que trabajan honradamente,  que no han vivido del subsidio, de la prebenda, de la corrupción y de todos los excesos K, esos mismos ciudadanos que no pueden acostumbrarse a la perorata oficial que promueve el olvido unilateral de la bestialidad asesina de la subversión montonera, hoy enquistada en el seno de un gobierno al que le prestan soporte ideológico para la siniestra distorsión histórica que pergeñan estos nuevos salvadores de la patria. Es preciso ejercitar la memoria y recordar sus crímenes apareados a la furia asesina de los militares golpistas.
Hay otra militancia, silenciosa, conformada por quienes asimilaron el mensaje del último Perón, el mensaje que sostenía que para un argentino no hay nada mejor que otro argentino. Una militancia que no respira el humo venenoso del kirchnerismo y que trabaja dentro del marco republicano, haciendo confluir las voluntades necesarias para que una montaña de sufragios le marque a estos cafres de la politiquería el camino sin retorno de un ciclo perimido.
Denunciamos con repugnancia el burdo patrioterismo de ornato del gobierno K, útil para la engañifa de los sectores más ingenuos de la sociedad, sea por orfandad educativa o por cualquier otra razón que nuble el entendimiento.
Pero no los confundimos con ese otro sector minoritario de la sociedad argentina, los profetas del odio, que adhieren y participan de estos malabares seudo progresistas, los así llamados dueños del modelo, esos que atraviesan la política para satisfacer fines inconfesables, para teñir de corrupción los mandatos y para vociferar contra enemigos imaginarios que moran ya en las corporaciones ya en los imperios. Son la cohorte mercenaria de aplaudidores que aceptan a pie juntillas los disparates presidenciales.
No es novedosa la utilización falluta del ideario patriótico. Los demagogos han abusado de él para mejor ocultar las sórdidas maniobras que tanto daño le hacen a una sociedad.
Ya lo denunciaba Alberdi en 1872 con claridad meridiana:
“Hay un patriotismo teatral, un civismo escénico, que se manifiesta y prueba con discursos, proclamas, decretos, escritos, palabras sonoras y retumbantes. Es el patriotismo industrial, naturalmente, de reclamo, de cartel, de pregón, que sirve para ofrecer y vender su servicio-mercancía al público de papamoscas. En lenguaje trivial y vulgar se llama patriotismo de parada, es decir, de mera ostentación: color de patriotismo, mentira de patriotismo”.

jueves, 15 de agosto de 2013

TITANIK



La abogada exitosa no es lo que podría definirse como una competente piloto de tormentas. Ella, tras la muerte de Néstor, el gran Capitán Pirata, asumió en 2011 el mando absoluto del TITANIK y con oficiales de la laya de Boudou, Moreno, De Vido, Timmerman, Lorenzino, Garre, Puricelli, Rossi, y otros no menos impresentables, navegaron por esos mares de dios.
Ella, con desenfado y a toda máquina, lanzó con soberbia la proa de la nave de la república, imaginando que bogaba en algún lago de sus propiedades sureñas, despreciando olímpicamente a los témpanos que por allí abundaban. Eran los hielos de la reelección indefinida, de la  inflación, del sectarismo, de la descalificación del adversario, del despilfarro, de la clase obrera y la clase media abusada, de la impunidad de los corruptos de su entorno, de la estulticia de los artífices del pacto con Irán, del cepo cambiario, del impuesto a las ganancias de los trabajadores, de la ley de medios, de la falluta democratización de la justicia y del encumbramiento del espía Milani. Cada embestida provocaba rumbos en el casco hasta que se toparon con el más grande de todos, el iceberg de una ciudadanía que creyó en sus mentiras y que un buen día se hartó de ellas.
La catástrofe sobrevino el pasado 11 de Agosto.
En ocasión de celebrarse las PASO, la gran mayoría de los argentinos pronunció con su voto, en voz baja y sin estridencias, un lacónico BASTA. Apareció el más temible de los gigantescos bloques de hielo: El desprecio de las grandes mayorías.
El estruendo del choque fue música fúnebre para los oídos de la Capitana. La tripulación del TITANIK, mercenaria como siempre, festejó a más no poder el impacto contra la enorme masa de hielo. Boudou reía, los de La Cámpora bailaban sobre la cubierta mientras los demás aplaudían las fingidas ocurrencias de la responsable del naufragio.
A no dudarlo estamos en problemas. 
Bien dicen que la única verdad es la realidad. La mayoría de los que a nuestro pesar somos pasajeros de este barco siniestro del Kirchnerismo, esperamos que desde el puente de mando entiendan lo que sucede y sean capaces, con un mínimo de decencia cívica, de conducirnos hasta el puerto de 2015 y devolver lo que queda del navío a otros más idóneos para capear el temporal en que nos metieron.

 


viernes, 26 de julio de 2013

EL OCTAVO CÍRCULO


“Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad."

Mateo 7:15-23


 
En su Divina Comedia, Dante Alighieri describe al Infierno como una serie de círculos a los cuales van a parar los maliciosos de toda laya.  El poeta florentino reservaba la séptima fosa del octavo círculo a los ladrones, con las manos atadas con serpientes y custodiados por Caco, un mitológico personaje, ladrón y condenado a su vez.
La hipocresía es la conducta mentirosa por la cual se fingen virtudes y creencias que no se tienen o dicho de otro modo, es la actitud de una persona que pretende  ser considerada a partir de apariencias alejadas de la realidad. Los hipócritas también eran alojados junto a los ladrones en otro hoyo, revestidos con pesadas capas de plomo, doradas en el exterior, aludiendo al oro falso con que los hipócritas disfrazan su vil esencia.
¿Qué es el Kirchnerismo sino una horda de hipócritas que aunaron en derredor de sus fines inconfesables lo peor de la cleptocracia menemista y la mediocridad política del oportunismo montonero?
Muy cerca de su ocaso, del irremisible paso hacia un final abominable, aparecen inocultables las pústulas de un régimen que hizo del engaño y de la manipulación, tanto de los derechos humanos como de las instituciones republicanas y de las arcas públicas, una constante política, funcional a su propósito primigenio, cual era el de enriquecer ilícitamente a sus protagonistas más o menos encumbrados.
Su pasado los condena, siguen siendo los mismos atrabiliarios depredadores de los caudales públicos que ayer lucraron en su feudo de Santa Cruz, sin pausa y sin vergüenza, con las ominosas decisiones políticas, económicas y sociales de la dictadura militar primero y de Carlos Menem después. En el tiempo presente, encaramados al poder central de la república, hacen del engaño y del robo una política de estado. Utilizan los amañados, aunque a la postre similares procedimientos de sus antecesores, para rapiñar de modo abyecto, a costa del dolor de sus semejantes.
Ahí están ante los ojos de quien desee verlos, como en un cuadro patético, digno de algún tríptico infernal de Brueghel el viejo, los corrompidos de siempre: Los K y los príncipes del modelo: Boudou, Garré, Bonafini-Schoklender, Baez, Milani, Jaime, De Vido, D´Elía, por citar algunos de esa abominable cohorte de depredadores, desparramados en los tres poderes del estado o en el llano, a quienes más temprano que tarde, la historia o la justicia los ubicará en el círculo infernal que les corresponde.

 

miércoles, 17 de julio de 2013


Cuando la corrupción  y la estulticia


son políticas de estado


 



 

El escritor John Steinbeck en su primera novela La Taza de oro, refiere que Carlos II, rey de Inglaterra, luego de conocer al pirata Henry Morgan, ennoblecido por su asalto a la fortaleza de Panamá, llamada La Taza de oro por las riquezas que resguardaba, se sorprendió por su imbecilidad. Le preguntó a su ministro ¿Cómo es posible que un hombre capaz de tomar por asalto la Taza de Oro, pueda ser tan estúpido? A lo que su ministro le respondió: Si no lo fuera jamás se le habría ocurrido tomar la Taza de Oro.
Este diálogo urdido por Steinbeck podría trasladarse a muchas escenas de la vida argentina. Hasta lo podríamos denominar, al aplicarlo, el test de Steinbeck.
¿Cómo pueden ser tan estúpidos un presidente, sus ministros, sus legisladores y hasta una parte de la sociedad?
Si no lo fueran jamás harían lo que hacen.
Así deberíamos considerar primero y castigar después, tantos hechos de mala praxis política y de corrupción inconmensurable, hechos que determinan el atraso del país y la miseria y la muerte de legiones de compatriotas.
El ascenso de un general del Ejército a la máxima jerarquía castrense, sospechado de ser portador de un pasado oscuro, casi tan oscuro como el origen de sus bienes personales, incompatibles con los ingresos decentes de un militar de su rango, se parangona con el finado por demás alabado, que alcanzara la primera magistratura de la república y que al morir, dejara tras de sí una inmensa fortuna de execrable origen, hoy usufructuada por sus herederos, sin omitir por ello a su esposa, quien atribuyera su magnífico patrimonio al corolario de una carrera como abogada exitosa.
Estos fariseos disfrazados de progresistas borran con el codo lo que escriben con la mano y son buenos ejemplos para formular la perspicaz pregunta: ¿Cómo pueden ser tan estúpidos? Sencillamente porque si no lo fueran no podrían hacer lo que hacen.
Jaime, el prófugo secretario de Transporte con sus horridos trenes de la muerte, Lázaro Báez y sus bolsos de dinero, la nefasta política energética y el pacto secreto entre YPF y Chevron, las alianzas tenebrosas con Irán o Venezuela, los subsidios que pagan los jubilados con su hambre y no el tesoro nacional, al parecer de exclusivo uso oficial para financiar el dolo perpetuo o los derechos humanos proclamados en cada discurso y avasallados en cada asalto, en cada entradera o en cada piquete que sufre la sociedad sin seguridad alguna, son unos pocos y penosos ejemplos de un país y una sociedad, que esporádica o permanentemente, ha aceptado la estulticia y la corrupción como políticas de estado.